
La empatía y la intuición en el auditor de prevención de riesgos laborales
Creo que estaremos de acuerdo en que si hay una Auditoría en la que es necesario mayor esfuerzo para que resulte útil es la de Prevención de Riesgos Laborales.
Siempre digo lo mismo, pero merece la pena ser reiterativo; en estas Auditorías se puede contribuir al bienestar de las personas de un modo más notorio y directo que en otro tipo de Auditorías.
Dentro de esa intención, y casi necesidad, hay dos características o cualidades que un Auditor debe tener y/o practicar: La Empatía y la Intuición.
Si comenzamos con la empatía, el auditor siempre tiene que ponerse en el lugar de las personas que tiene delante y entenderlas para poder valorar la situación y aportar al proceso de gestión en prevención de riesgos laborales que sigue la empresa.
Ponerse en el lugar de las personas entrevistadas provoca que las mismas se abran y se expresen con mayor claridad, que se olviden de que están siendo auditadas y vean la Auditoría como un proceso que les va a ayudar.
Eso no significa estar de acuerdo con lo que se escucha, pero sí coadyuva con que el proceso de Auditoría disponga de un objetivo común: La mejora de la gestión en prevención de riesgos laborales en la empresa objeto de auditoría.
Si no se practica la empatía, se corre el riesgo de que la Auditoría se convierta en un proceso mecánico de preguntas y respuestas que se reflejan en la cumplimentación de una fría lista de chequeo que luego se traslada a un Informe con el que se cumple un requisito legal pero no aportará mucho a la mejora del sistema y gestión e, incluso, se pueda caer en alguna que otra discusión de carácter técnico en la que el auditor tenga la tentación de convencerse de que tiene la razón por el hecho de ser el auditor y el auditado discutir menos por el mismo hecho. En todos los lugares se aprende, todas las personas te enseñan algo y la empatía, muchas veces, debe ir aparejada a la humildad…el auditor debe tener siempre los ojos y oídos muy abiertos y, además, estar dispuesto a aprender, el mismo no debe permitirse lo contrario por su propia profesionalidad.
Además, la falta de empatía provocará que el auditado tenga la intención de contestar estrictamente lo que el auditor pregunte, que no transmita dudas y use más monosílabos de la cuenta, perdiendo la oportunidad de que el auditor pueda trasladar la experiencia vivida en su trabajo, eso sí, con la debida confidencialidad.
Por todo lo anterior, el auditor debe ser empático, tiene poco tiempo para valorar una empresa y su gestión preventiva y las conversaciones abiertas -debidamente dirigidas- aportan una información enormemente rica que no se suele estar en disposición de desaprovechar.
Es cierto que unas personas tienen más capacidad empática que otras “de cuna”, pero estoy convencido de que es algo entrenable y adquirible siendo fundamental que un buen auditor disponga de una adecuada empatía.
Por otro lado, la intuición, es mi opinión, está directamente relacionada con la experiencia vivida por el auditor aunque también hay personas más intuitivas que otras, pero en lo que nos ocupa “la cuna “, en mi parecer, tiene menor valor.
La intuición es algo automático que viene a la cabeza del auditor nada más ver o conectar con determinadas situaciones. Eso sí, el auditor debe tener cuidado de no darle total verosimilitud y no definirla como un punto final detectado, sino como un punto inicial de una circunstancia que puede que se confirme o no.
Si el auditor ha tenido siempre los ojos y oídos abiertos, el paso de los años y la experiencia le harán reconocer muchas situaciones nada más “olerlas” y, de este modo, realizar apreciaciones y preguntas más certeras en menor tiempo para, así, aportar al sistema de gestión preventiva de la empresa auditada mayor riqueza y oportunidades de mejora.
La intuición está muy vinculada a la capacidad de análisis que tenga el auditor, la cual se ve incrementada con el número de auditorías que se hayan realizado y la experiencia anterior del auditor en gestión de empresas. Todo ello ayuda a desarrollar el olfato del auditor, al estilo del olfato del investigador que todos conocemos.
Un ejemplo sobre este olfato e intuición lo vivimos los auditores en la pandemia por COVID-19 que padecimos hace unos años.
Tuvimos que realizar algunas auditorías por videoconferencia. He de decir que se perdía casi completamente el olfato, la auditoría se convertía en un proceso muy documental y el contacto personal se limitaba a una pantalla; se perdía mucha información no verbal y gestual derivada de la confianza que se debe crear en un proceso de auditoría. Creo que aquellas auditorías eran muchos menos útiles para la empresa que las que se realizan de modo presencial.
En síntesis, la empatía y la intuición son dos características con importancia de primera magnitud para que las Auditorías en Prevención de Riesgos Laborales y en las que se aúnan cualidades personales y experiencia profesional. Siempre creeré que un auditor empático e intuitivo aportará enorme riqueza al sistema en prevención de riesgos laborales que la empresa aplique.
