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Implicar con eficacia a la dirección y mandos en la PRL

El mandato legal de integración de la PRL en la gestión de las empresas es algo muy conocido en el sector y, además, estaremos de acuerdo que sin integración no hay prevención real y acumularemos papeles que versen sobre PRL sin una aplicación adecuada.

También coincidiremos en que la integración debe partir de la dirección de la empresa y vehiculizarse a través de los mandos de la misma para llegar de modo adecuado a la totalidad de los trabajadores de la empresa. En otras palabras, la dirección debe “volcar un tarro con aceite y que la mancha llegue a todos los rincones de la empresa” convirtiendo la gestión PRL en algo transversal y alejándonos de algo que hace un departamento específico de modo aislado.

Pero, ¿cómo hacemos esto?. El día a día nos inunda y la gestión PRL no es algo que tengamos interiorizado debidamente, por tanto, es frecuente que veamos fallas en la gestión de prevención de riesgos laborales que se deban a una integración mejorable. Como prevencionistas, debemos actuar al respecto pero es de todo menos sencillo y este aspecto es una queja frecuente de los departamentos de prevención de riesgos laborales en las empresas.

Sin entrar a valorar las causas de la falta de integración y tratando de aportar alguna líneas ordenadas de actuación al respecto, debemos decir que lo primordial y fundamental es, si fuera el caso y es necesario, convencer a la dirección de que “vuelque el tarro con aceite” y se implique en la gestión PRL como si se tratara de cualquier otra área de gestión en su empresa. A partir de ahí, podremos diseñar una metodología para facilitar la integración y la necesaria transversalidad de la PRL. Algunos apuntes al respecto, basados en nuestra experiencia, pueden ser:

  1. Al inicio se debe rediseñar, si se considera necesario, el Plan de Prevención definiendo las tareas preventivas de cada nivel jerárquico y ajustándolas a la realidad de la empresa.
  2. Organizar una jornada informativa y de concienciación con los mandos intermedios y directivos, con el objetivo de dibujar lo que es la gestión PRL y cuál es su participación en la misma. Es conveniente que tenga un carácter lo más práctico posible.
  3. Para asumir tareas preventivas adecuadas en función de los puestos de trabajo ocupados, es necesario facilitar la formación al respecto a los directivos y mandos intermedios.
  4. Se debe incluir en las reuniones de trabajo que tenga el mando intermedio o directivo con sus subordinados la prevención de riesgos laborales como un aspecto sobre el que aplicar seguimiento, como cualquier otro ya sea productivo, etc.
  5. Es conveniente formalizar grupos de trabajo entre los mandos intermedios para favorecer la retroalimentación de unos a otros mandos así como el enriquecimiento recíproco a través del intercambio de experiencias. A dichos grupos se les debe atribuir periodicidad de reuniones, contenidos concretos, órdenes del días, actas, etc.
  6. En el Plan de Prevención debe existir un proceso de control de las actuaciones PRL así como de segumiento de la Planificación de la Actividad Preventiva. En estos procesos de control deben participar los mandos intermedios así como en el diseño de la citada Planificación de la Actividad Preventiva, incluso asumiendo la ejecución de las medidas que sean pertinentes.

En una primera fase, se estima oportuno que este proceso esté dirigido por el Departamento de PRL de la empresa o, en su caso, por profesionales externos especializados.