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LA DEPRESIÓN EN EL TRABAJO: ¿QUÉ PODEMOS HACER EN LA EMPRESA?

Desde hace unos años se viene comentando que, en el mundo occidental, la depresión es una de las patologías -en general, no solamente psicológico-psiquiátrica- más comunes y que, en pocos años, podría ser la más frecuente.
Independientemente de que esto nos deba hacer pensar sobre nuestro estilo de vida, obviamente, esta circunstancia tiene su impacto en el mundo del trabajo y no queremos dejar de hacernos eco de este importante problema aportando nuestra visión al respecto.
  • La depresión en el entorno laboral es un efecto, en muchas ocasiones, de causas que no tienen mucho que ver con el trabajo que se desempeña ni con el lugar en el que se realiza. Pero en el trabajo pasamos muchas horas de nuestra vida y, sin duda, es un entorno adecuado para actuar con ciertas posibilidades de impacto positivo. 
  • También es indudable que a la empresa le suele tocar hacer frente a las consecuencias económicas y de todo tipo de las bajas, cada vez más frecuentes, por depresión.
  • Es importante, por tanto, hacer desde la empresa todo lo posible para prevenir la depresión y aportar lo necesario para que la misma no llegue a ser una realidad. Así que, establecer planes de detección y prevención a estos efectos se puede configurar como una herramienta de primera magnitud para minimizar impactos económicos directos o indirectos, sobre la productividad, por ejemplo. No se trata de un buenismo, hay un interés económico además de social.
  • En las personas intervienen, o pueden intervenir, numerosos aspectos que puedan coadyuvar en la aparición de una depresión. Con ánimo simplificador podemos decir:
    • La personalidad de cada sujeto y sus tendencias será un aspecto de capital importancia. La predisposición de las personas a la depresión, en este caso, es algo innato y como tal debe ser considerado. No todas las personas reaccionamos igual a los mismos estímulos, en este caso negativos.
    • Será necesario detectar esta predisposición y dotar a las personas “predispuestas” de herramientas para afrontar los problemas que a cualquier persona nos puede traer el proceso vital y que pueden tener que ver o no con el trabajo que desempeñemos. No nos vale una formación general para todos los trabajadores, sino que debe adaptarse a la configuración de la plantilla de una empresa. Por ejemplo, no tiene sentido dotar de herramientas para afrontar el estrés a la totalidad del personal cuando hemos detectado que en una determinada empresa un 12% tiene una baja tolerancia al estrés.
    • Como indica el texto que acompañamos, la formación de mandos intermedios es importante. Pensamos que desde dos puntos de vista: Pueden resultar un elemento de detección importante y, además, también un trato adecuado puede ayudar a los trabajadores predispuestos a enfrentarse mejor a los primeros síntomas de una depresión evitando que se progrese negativamente a estadíos superiores.
  • Cuando frecuentemente hablamos que en el entorno laboral es importante detectar la depresión en los primeros síntomas, debemos ser conscientes de que -desde un punto de vista preventivo- ya hemos fracasado pues han aparecido los citados primeros síntomas. Por ello, es importante detectar predisposiciones y actuar antes de afrontar síntomas, aunque sean los primeros.
  • Para prevenir la depresión y sus efectos será importante que la empresa se afane en crear entornos donde los trabajadores se puedan sentir felices y productivos con lo que desarrollan, siendo esto lo más ajustado posible a sus intereses y capacidades, etc. Si hacemos esto con éxito, habremos aportado -desde el entorno laboral- todo lo posible para evitar los estados de infinita tristeza que caracterizan a una depresión.

Con objeto de ilustrar estas reflexiones acompañamos unas líneas publicadas en el portal de Mutua Intercomarcal.

http://www.mutua-intercomarcal.com/portal/noticia/1661/La-mejor-forma-de-prevenir-la-depresion-laboral–es-un-diagnostico-precoz/